Abres la plantilla, escribes tu nombre, llegas al apartado «experiencia laboral» y se te queda la pantalla en blanco. Tranquilidad: todos los currículums del mundo empezaron así. El truco no es inventar experiencia, sino contar bien la que no sabías que tenías.
Cambia el orden: formación primero
Sin trayectoria laboral, tu formación es tu plato fuerte: ponla arriba, con detalle. No solo el título: menciona trabajos de clase relevantes, proyectos finales, notas destacadas si las hay. «FP de Administración y Finanzas — proyecto final: plan contable completo para una pyme real» dice mucho más que la titulación a secas.

Todo esto cuenta como experiencia
- Prácticas de estudios, aunque duraran un mes. Van en experiencia, no en formación.
- Voluntariado: organizar la recogida de alimentos del barrio es gestión logística y trabajo en equipo. Descríbelo así.
- Trabajos informales: clases particulares, cuidado de niños, ayudar en el negocio familiar, vender por Wallapop o Vinted con volumen. Son atención al cliente, responsabilidad y manejo de dinero.
- Proyectos propios: el canal, el blog, la app, el equipo que entrenas. Si requiere constancia y produce resultados, es material de currículum.
La clave está en la redacción: no escribas «niñera ocasional», escribe «cuidado de dos niños (4 y 7 años) tres tardes por semana durante dos cursos: meriendas, deberes y actividades». Concreto, verificable y con responsabilidad evidente.
El apartado que te diferencia: habilidades con pruebas
Todo el mundo pone «trabajo en equipo, responsabilidad, ganas de aprender». Nadie se lo cree porque no hay forma de comprobarlo. Ancla cada habilidad a un hecho: «Inglés B2 (certificado Cambridge 2025)», «Excel: tablas dinámicas y BUSCARV (curso SEPE 40 h)», «Atención al cliente: dos veranos en el puesto del mercadillo familiar». Los certificados de profesionalidad gratuitos son la manera más rápida de llenar este apartado con cosas serias.
Una página. Una.
Sin experiencia no hay excusa para dos páginas. Una página limpia, sin faltas (pásale el corrector dos veces y dáselo a leer a alguien), con un pequeño párrafo inicial de dos líneas que diga qué buscas y qué ofreces. Y adapta ese párrafo a cada oferta: es la parte que el seleccionador lee primero y la única que puede compensar el cero en experiencia con algo que abunda menos de lo que parece: claridad.
Cuando lo tengas, acompáñalo de una carta de presentación corta y honesta. En perfiles junior se lee más de lo que se cree, precisamente porque los currículums se parecen tanto entre sí.
